Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡El famoso corsario!
Y la voz que antes ordenó el fuego, dijo:
—¿Sois vos Morgan, el que venció en Puerto Bello?
—SÃ, yo soy Morgan, el filibustero.
—Entonces, me rindo.
—Salid del cuadro dos a dos, o continuaremos lanzando bombas.
En el entrepuente se oyeron siseos ahogados y pasos, y un ruido como de arcabuces que cayesen al suelo.
Morgan habÃa hecho colocar a una veintena de los suyos ante la escala del cuadro con los arcabuces preparados.
Poco después un hombre apareció empuñando una espada.
—¿Dónde está el señor Morgan? —preguntó.
—Yo soy.
—¡He aquà mi espada! Soy el comandante de la corbeta.
—Conservad vuestra arma, señor —dijo el filibustero—. ¡Sois un valiente!
—¡Gracias, señor! —repuso el español envainándola—. Decidme qué haréis de mà y de mis hombres.
—Os desembarcaré sin haceros ningún mal: a mà me basta con la nave, que es mÃa por derecho de conquista.