Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Sigue bebiendo, Carmaux! —dijo Morgan, pues era él—. Pero contéstame.
—Si gustáis, capitán… —dijo el francés muy azorado.
—Más tarde; ahora tengo otra cosa que hacer.
—Ya sabéis, capitán, que somos peces viejos en la filibusterÃa, dispuestos a todo.
—Por eso he pensado en vosotros, que fuisteis los más adictos del Corsario Negro.
—¿Tenéis alguna misión que confiarnos, capitán? —preguntó Wan Stiller.
—¿Conocéis a Chagres?
—Estuvimos hace años con el Olonés —dijo Carmaux—. ¡Mala ciudad, donde se come mal y se bebe peor!
—¿Dónde está?
—En el paso de Panamá, señor.
—¿Conocéis a alguien?
—SÃ; a un tabernero vasco que me hizo beber un málaga exquisito.
—¿De confianza?
—¡Ah! Un vasco no es español ni francés: está entre ambos. Se llamaba… ¡Esperad, capitán!
—¡Ribach! —dijo Stiller.
—¡SÃ, Ribach! —repitió Carmaux.