Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Bebamos, compadre —dijo Carmaux—, y ahuyentemos el malhumor. Debe de ser jerez excelente de la despensa del capitán español. ¡Cuerpo de cañón! ¡No estoy de buen humor esta noche! ¡El maldito demonio siempre ha de meter el rabo en favor de los españoles! ¡Parece imposible que un capitán como Morgan esté perseguido por tan mala estrella! ¡Y con decir que es un valiente que deja atrás al Corsario Negro!…
—¡Bebe otro vaso, compadre! —dijo Stiller—. ¡Este jerez consuela!
—¡Truenos de Brest! ¡Perder otra vez a la señorita de Ventimiglia, cuando ya era nuestra!
—¡La recobraremos, compadre!
—¿Cuándo?
—El capitán es capaz de ir a Panamá.
—Es una empresa a que ningún filibustero ha soñado dar cima.
—Él la realizará. ¡Bebe, compadre!
—¡Me parece que este jerez no es bueno!
—¡Excelente y añejo! ¡Es que el malhumor te lo agria!
—¡Cuerpo!…
Carmaux se habÃa puesto bruscamente en pie, viendo una sombra aparecer bajo el castillo.
—¡El capitán! —exclamó, tratando de esconder las botellas.