Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Iban a levantarse, cuando un espantoso tumulto estalló en la sala, repercutiendo en las adyacentes. Las bailarinas habÃan dejado a sus caballeros y huÃan desordenadamente hacia las escaleras, seguidas de los burgueses, oficiales y marineros, mientras se oÃan por doquier gritos de:
—¡Traición! ¡Traición!
Los marineros de la corbeta, sorprendidos por aquella desordenada fuga, quedaron atontados, preguntándose qué ocurrÃa.
—¡Camaradas! —gritó Carmaux desenvainando su espada—. ¡A las armas!
En el mismo instante se oyeron retumbar hacia la rada algunos cañonazos, seguidos de nutridas descargas de mosqueterÃa.
Los corsarios, repuestos de su estupor, comprendiendo que les habÃan hecho traición, iban a precipitarse escalera abajo para reunirse con sus compañeros de las salas inferiores, cuando apareció Pedro espada en mano.
—¡Ya es tarde! —gritó con voz alterada—. ¡Las tropas nos han bloqueado, y los nuestros están atrincherando el portalón!
—Ya os dije, señor Pedro, que tenÃa malos presentimientos —dijo Carmaux—. ¡Fue él quien lanzó aquel grito!
—¿Quién es él? —preguntó Pedro.