Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Ven; daremos vueltas a las salas.
Los dos compadres se pusieron a dar vueltas entre los grupos de bailarines, y pasaron al primer piso, en el cual corsarios, españoles y jóvenes alternaban el fandango con el bolero con animación y bullicio extraordinarios.
Iban a continuar, cuando se abrió una puerta y vieron aparecer al comandante de la guarnición con el rostro sombrío, y que clavó en ellos una mirada de acero.
—Parece que os aburrís —les dijo con afectada sonrisa—. Aún no os he visto bailar.
—Ya somos muy viejos, comandante —repuso Carmaux—. Dejamos el puesto a los jóvenes.
—Haceos servir vino y cena en el piso de arriba, y tratad de divertiros lo mejor que podáis.
—Gracias, comandante —repusieron ambos, subiendo al segundo piso.
—¿Has notado qué miradas? —preguntó Carmaux cuando estuvieron ante una mesita.
—Sí, compadre —repuso Wan Stiller—. Tenía aire enfurecido y turbado el comandante.
—¡Avisemos a Pedro! ¡No estoy tranquilo!