Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¿Qué te ocurre? —le preguntó Wan Stiller, que por fin le habÃa alcanzado, poco seguro de sus piernas—. ¿Se te ha subido a la cabeza el oporto? ¡Ah!, compadre; tienes fúnebre aspecto.
En vez de responder, Carmaux le arrastró hacia una ventana y dejó caer tras de sà las colgaduras.
—¿No has oÃdo un grito? —le preguntó.
—Lo habrá lanzado algún novio celoso —repuso Stiller.
—¿Lo has oÃdo?
—SÃ.
—¿No te recuerda nada?
—Absolutamente nada, y con el oporto… ¡Oh! ¡TenÃa algo mejor en qué ocuparme!
—Sin embargo, yo no me he engañado.
—ExplÃcate mejor, compadre.
—¡JurarÃa haber oÃdo el grito del capitán Valera!
—¡Truenos de Hamburgo! —exclamó Wan Stiller tornándose lÃvido—. ¡El capitán aquÃ! ¡Entonces, nos descubrirán!
—¡Despacio! Te he dicho que me ha parecido; pero no estoy seguro.
—¿Cómo iba vestido?
—Él y su compañero llevaban casaca de seda azul con rayas blancas.
—Busquémoslos, Carmaux, y que no escapen.