Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Sobre todo el alcalde y el comandante de la guarnición se multiplicaban para parecer atentos con todos, y sobre todo con Pedro el Picardo.
A medianoche la fiesta llegó a su colmo y la alegría reinaba en la sala.
Ya Carmaux comenzaba a tranquilizarse, cuando de pronto oyó hacia un ángulo de la sala un grito, y vio a dos hombres que salían abriéndose violentamente paso por entre la multitud.
El francés se puso en pie precipitadamente.
—¡Ven, Wan Stiller! —exclamó.
—¿Qué te pica, compadre? —preguntó el hamburgués. ¡Quédate aquí a dar fin de este oporto!
—¡Ven, te digo! —repitió Carmaux.
El hamburgués, sorprendido por el acento y la agitación de Carmaux, se levantó mascullando:
—¡Qué lástima dejar este oporto!
Carmaux había dado rápidamente la vuelta al salón buscando con la vista a Pedro el Picardo. Viéndole charlar tranquilamente con el alcalde, salió, esperando poder alcanzar a los dos hombres que habían lanzado aquel grito, sin conseguir por lo pronto su intento.
La muchedumbre que llenaba la sala era tal, que no permitía avanzar de prisa.