Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Mientras los corsarios corrÃan en ayuda de sus camaradas, que estaban acumulando muebles tras el portalón, Carmaux y Wan Stiller se acercaron cautamente a la ventana.
Estando el edificio aislado en la plaza, podÃan ver lo que hacÃan los españoles y apreciar su número.
La guarnición habÃa tomado sus medidas para bloquear completamente a los corsarios. Dos compañÃas de arcabuceros habÃan ocupado las cuatro bocacalles de la plaza, y levantando apresuradamente barricadas con carretas, toneles y troncos de árbol, colocaron cuatro cañones frente a la puerta, a cien pasos de distancia.
Pero parecÃa que los españoles no tenÃan prisa por asaltar el palacio. Acaso contaban con hacer capitular por hambre a los corsarios.
—¡Mal negocio! —dijo Carmaux a Wan Stiller—. ¡Están seguros de cogernos sin gastar pólvora!
—Y entretanto se apoderan de la corbeta. ¿Oyes el cañoneo?
—Es el fuerte que dispara; pero los nuestros contestan gallardamente.
—¿Estarán levando anclas?
—Eso creo.
—¿Saben que Morgan habÃa decidido enviar una fuerte vanguardia a Santa Catalina?