Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Eso se llama hablar bien! —dijo Carmaux, que también formaba parte del destacamento—. ¡Eh, hamburgués! ¿Dónde estás?
—¡AquÃ, compadre! —repuso Wan Stiller.
—¡De caza, amigo! ¡Tratemos de coger algún pez gordo!
—¡No deseo otra cosa!
—¡Entonces, en marcha!
Mientras Morgan entraba con varios de sus oficiales en el palacio del Gobernador para recorrerlo de arriba a abajo y los otros se dispersaban en varias direcciones en busca de prisioneros, Carmaux y Wan Stiller, que conocÃan bastante la ciudad, pues habÃan estado en ella dos veces con el Corsario Negro muchos años antes, tomaron una callejuela que serpenteaba por entre los muros de algunos jardines.
—¿Adónde me llevas? —preguntó el hamburgués después de recorrer unos cien pasos sin encontrar a nadie—. No es por aquà por donde huyen los habitantes…
—Quiero ir a hacer una visita a la taberna del Toro —repuso Carmaux—. ApostarÃa una piastra contra un doblón a que encontraremos a alguien por allá. Los nuestros no deben de haber llegado allà todavÃa.
—En efecto; no oigo ningún tiro en dirección de la laguna.
—¡Alarga el paso, hamburgués!