Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro El filibustero se habÃa lanzado entre la furibunda turba con el sable en la diestra y la pistola en la siniestra.
—¡Insensatos! —gritó—. ¿A qué hemos venido aqu� ¿No pensáis que acaso en ese palacio, en algún lugar secreto, puede hallarse la hija del caballero de Ventimiglia? ¿Queréis matarla por una estúpida venganza?
Al oÃr estas palabras la ira de los filibusteros amainó.
¿Quién podÃa asegurar que antes de huir no hubiese escondido el Gobernador en algún subterráneo a la joven por cuya salvación habÃan intentado aquel golpe de mano?
—¡Por las arenas de Olona, como decÃa Pedro el Olonés! —exclamó el Picardo—. ¿Qué locura Ãbamos a hacer? ¡Capitán Morgan, somos unos estúpidos!
—¡En vez de gritar como locos —dijo el almirante de la flota corsaria—, tratad de hacer el mayor número posible de prisioneros! ¡Alguno quizás sepa decirnos dónde está la hija del Corsario Negro! Si se niegan, los encerramos a todos aquà dentro, y —¡palabra de Morgan!— los haremos saltar por los aires en unión del palacio, como hicimos con la guarnición de los castillos de Puerto Bello.