Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¿Habremos llegado tarde?
—Volvamos a los suburbios, Carmaux. Allà no nos faltarán fugitivos.
—¡Cuerpo de un barril sin fondo!
—¡Calla!
—¿Qué te ocurre?
—¡Alguien se acerca!
Junto a la taberna desembocaba una calle, y por allà se oÃa acercarse un tropel de personas corriendo desesperadamente.
—¡Atención, hamburgués! —gritó Carmaux lanzándose hacia allá.
Apenas habÃa llegado al ángulo, cuando un hombre cayó entre sus brazos. Carmaux le estrechó contra su pecho, gritándole con voz de amenaza:
—¡RÃndete!
En el mismo instante ocho o diez negros que corrÃan alocados, cargados de voluminosos paquetes tropezaron con el hamburgués tan violentamente que este cayó al suelo antes de poder levantar el arcabuz.
—¡Truenos de Hamburgo! —habÃa gritado Wan Stiller—. ¡Me despachurran!
Al oÃr aquella voz el hombre que habÃa caÃdo entre los brazos de Carmaux habÃa levantado la cabeza, dejando escapar un grito de angustia.
—¡Muerto soy!
Carmaux soltó una carcajada.