Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro »Dos poderosas naves fueron enviadas a vigilar el paso de Las Antillas, con encargo de capturar al velero holandés, temiendo el conde de Medina que la hija del Corsario fuese antes a las Tortugas para pedir ayuda a los filibusteros en el intento de recobrar los bienes que el Gobierno español, por instigación del gobernador de Maracaibo, habÃa secuestrado.
—¿Por qué?
—Para vengarse del mal causado por El Corsario Negro a las colonias españolas —dijo don Rafael.
—¿Y quién administra esos bienes? —preguntó Carmaux.
—El bastardo del duque, que acabará por quedarse con ellos. Por si no lo sabéis, os diré que esas posesiones valen acaso más de diez millones.
—¿Y no las reclamó la duquesa de Wan Guld, la esposa del Corsario?
—Ciertamente; pero sin resultado.
—¡Por cien millones de arenques! —exclamó Carmaux—. ¡Ahora comprendo mejor que antes por qué ese bandido del Gobernador tenÃa tanto interés en aprisionar a la hija del Corsario y tenerla en su poder! ¡Mi querido don Rafael, he aquà una magnÃfica ocasión para que salvéis vuestro pellejo y su contenido! Yo me comprometo a que os respeten mis camaradas; pero es necesario que descubramos el paradero de la joven. Si el Gobernador no se la ha llevado consigo.