La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por lo cual el hombre que vive según Dios, no según el hombre, necesariamente ama el bien y, como consecuencia, odiará el mal. Y como nadie es malo por naturaleza, sino que el malo lo es por vicio, quien vive según Dios tiene un perfecto odio a los malos; es decir, no odia al hombre por el vicio ni ama el vicio por el hombre, sino que odia al vicio y ama al hombre22. Si se cura el vicio, permanecerá todo lo que debe amar, y nada de lo que debe odiar.
CAPÍTULO VII
Amor y dilección se encuentran en las sagradas letras en el buen sentido y en el malo