La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 2. He juzgado oportuno mencionar esto porque piensan algunos que una cosa es querer o tener caridad, y otra diferente amar. Dicen, en efecto, que querer debe usarse en el buen sentido, y amar en el malo. Pero es absolutamente cierto que ni los autores profanos han hablado en este sentido. Vean, pues, los filósofos si pueden, y con qué fundamento, hacer estas distinciones. Sus mismos libros dan un claro testimonio de que ellos hacen un gran aprecio del amor en las cosas buenas, incluso con respecto al mismo Dios. De todos modos, fue necesario manifestar que las Escrituras de nuestra religión, cuya autoridad anteponemos a cualesquiera otros escritos, no establecen diferencia alguna entre amar, querer y la caridad.
Ya hemos demostrado que el amor también se usa en el buen sentido. Pero para que nadie pueda pensar que amar puede usarse en el buen o mal sentido, y querer sólo en el bueno, preste atención a lo que se dice en el salmo: El que quiere la iniquidad odia su alma25; y también a lo del apóstol Juan: Si alguno quiere al mundo, el Padre no lo quiere a él26. He aquí en un solo lugar el querer en el buen y el mal sentido. Y para que nadie eche de menos el amor en el mal sentido (en el bueno ya lo hemos visto), lea aquel pasaje: Se alzarán hombres amantes de sí mismos, amadores del dinero27.