La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por consiguiente, la voluntad recta es el amor bueno, y la voluntad perversa, el amor malo. El amor que codicia tener lo que se ama es la apetencia; en cambio, cuando lo tiene ya y disfruta de ello, tenemos la alegrÃa; si huye de lo que le es adverso, es el temor; y si lo experimenta presente ya, es la tristeza. AsÃ, pues, estas cosas son malas si el amor es malo, y buenas si el amor es bueno.
Demostremos esto por las Escrituras. Desea el Apóstol morir y estar con Cristo28, y se dice también: Arde mi alma en apetencia, deseando tus mandamientos29; o con expresión más propia: La pasión por la sabidurÃa conduce al reino30. En cambio, el uso del lenguaje ha conseguido que las palabras apetencia o pasión, si no se especifica algo, se entiendan en mal sentido.