La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios La alegría se entiende en el buen sentido; así: Alegraos, justos, y regocijaos en el Señor31. Tú has infundido la alegría en mi corazón32. Me colmarás de alegría con tu presencia33. También el temor lo usa en buen sentido el Apóstol en varios pasajes: Trabajad con temor y temblor en la obra de vuestra salvación34. No te engrías, antes bien vive con temor35. Me temo que igual que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se pervierta vuestro modo de pensar y abandone la entrega y fidelidad a Cristo36. Ya la tristeza, que Cicerón llama más bien pesadumbre, y Virgilio dolor, al decir: «Tienen dolor y se alegran», surge acerca de ellas una cuestión delicada: si se la puede usar en el buen sentido (yo he preferido usar la palabra «tristeza», porque la pesadumbre y el dolor se encuentran más bien en los cuerpos).
CAPÍTULO VIII
Las tres perturbaciones que dicen los estoicos existen en el ánimo del sabio, excluyendo el dolor o la tristeza, que no debe tenerse por virtud del ánimo