La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Creó Dios al hombre recto, como está escrito, y por ello con una voluntad buena83. Así, la voluntad buena es obra de Dios, el hombre fue creado por ella. En cambio, la primera voluntad mala, puesto que precedió a todas las obras malas del hombre, ha sido, mejor que una obra, una deserción de la obra de Dios hacia las suyas propias. Por eso son malas las obras, porque son según el hombre, no según Dios; de suerte que es la voluntad, o quizá mejor el hombre, por su mala voluntad, como el árbol malo de esas obras, de esos frutos malos. A su vez, la mala voluntad, aunque no sea por naturaleza, sino contra la naturaleza, ya que es un vicio, es, sin embargo, de la misma naturaleza que el vicio, que no puede existir sino en una naturaleza; pero ha de ser en la naturaleza que creó de la nada, no en la que engendró de sí mismo el Creador, como engendró la Palabra por medio de la cual fueron hechas todas las cosas. Cierto que al hombre lo formó Dios del polvo de la tierra; pero la misma tierra, y toda la materia terrena, fue creada de la nada, y al ser hecho el hombre, dotó al cuerpo de un alma creada de la nada.