La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Ciertamente es bueno tener el corazón hacia arriba, pero no hacia sí mismo -lo que es propio de la soberbia-, sino hacia Dios, lo cual es propio de la obediencia, que no puede ser sino de los humildes. Levanta así la humildad de un modo maravilloso el corazón, y la soberbia lo abate. Puede parecer un contrasentido que la elevación rebaje y la humildad ensalce. No, la humildad religiosa somete a uno al superior, y nada hay más alto que Dios; por eso enaltece la humildad, porque nos hace súbditos de Dios. En cambio, la elevación es un vicio precisamente por rehusar la sumisión, alejándose del que ya no tiene algo superior, y por eso se abaja más, cumpliéndose lo que está escrito: Los derribaste cuando más se elevaban92. No dice «cuando se habían levantado», como si primero se levantaran y luego fueran derribados, sino que cuando se elevaban, fueron derribados. Precisamente porque el mismo levantarse es ya ser derribados.