La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero el placer está precedido de cierta apetencia sentida en la carne como pasión suya, como pueden ser el hambre y la sed, y la llamada concupiscencia, nombre aplicado comúnmente a la de los órganos genitales, aunque es vocablo general de toda apetencia. En efecto, de la misma ira dijeron los antiguos que no es otra cosa que el deseo de venganza. Aunque a veces el hombre, aun sin sentido alguno de venganza, se encoleriza con las mismas cosas inanimadas: por ejemplo, raspa airado el punzón que escribe mal o rompe la pluma; bien que esto mismo, aunque parezca irracional, es una especie de deseo de venganza y cierta, digamos, sombra de justicia: el que hace el mal, que lo pague. Por consiguiente, hay un deseo de venganza que recibe el nombre de ira; otro deseo de tener dinero, que se llama avaricia; otro de vencer a toda costa, que se llama pertinacia, y otro de gloriarse, llamado jactancia. Hay variados y múltiples deseos, algunos con sus vocablos propios y otros sin ellos. ¿Quién puede decir fácilmente cómo se llama el ansia de dominar, de cuyo inmenso poder en los ánimos de los tiranos dan testimonio las guerras civiles?
LA CIUDAD DE DIOS
CONTRA PAGANOS
Traducción de Santos Santamarta del Río, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA
LIBRO XIV