La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 3. Al buscar, pues, en aquellos setenta y dos pueblos la ciudad de Dios, no podemos afirmar que en el tiempo en que tenían una sola lengua28 ya se hubiera alejado el género humano del culto del verdadero Dios, de tal suerte que la auténtica religión permaneciera sólo en las generaciones descendientes de Sem por Arfaxad y orientados hacia Abrahán. En cambio, sí apareció la sociedad, es decir, la ciudad, de los impíos desde la soberbia de la edificación de la torre que pretendía llegar hasta el cielo, en la cual queda simbolizada la impía arrogancia. No es fácil, por el contrario, decidir si no existió antes, o si estuvo oculta, o si más bien subsistieron las dos: la sociedad religiosa en los dos hijos de Noé que fueron bendecidos y en sus sucesores, y la sociedad impía, en el maldecido y su descendencia, donde tuvo también su nacimiento el gigante cazador contra el Señor.