La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 2. Quizá replique alguno: si la tierra, es decir, los hombres que habÃa entonces en ella, se dividieron atendiendo a las lenguas en los dÃas de Fálec, hijo de Héber, más bien debió recibir nombre de éste la lengua que habÃa sido común antes a todos. Pero hay que parar la atención en que el mismo Héber impuso a su hijo el nombre de Fálec, que quiere decir división, porque le nació cuando se dividió la tierra por las lenguas, es decir, cuando precisamente sucedió aquello de: En su tiempo se dividió la tierra30. Porque, si no viviera aún Héber cuando tuvo lugar la multitud de las lenguas, no hubiera recibido de él su nombre la lengua que pudo permanecer en su familia. Por ello se debe creer que aquélla fue la primera lengua común, porque tal multiplicación y cambio de lenguas tuvo lugar como castigo, y el pueblo de Dios debió de quedar fuera de este castigo.
Y no sin razón ésta es la lengua que tuvo Abrahán, y no pudo transmitirse a todos sus descendientes, sino sólo a los que fueron propagados por Jacob, y que, formando de modo más notorio y destacado el pueblo de Dios, pudieron conservar el testamento de Dios y la estirpe de Cristo. Ni el mismo Héber transmitió idéntica lengua a toda su descendencia, sino sólo a aquella parte cuyas generaciones llegan hasta Abrahán.