La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Cuando la lengua era única y universal, no por ello faltaron hijos de la corrupción. Antes del diluvio no había más que una lengua, y, sin embargo, merecieron ser exterminados por el diluvio todos con excepción de la casa de Noé.
Así también, cuando por la impiedad arrogante fueron castigadas y divididas las gentes con la diversidad de las lenguas, recibió la ciudad de los impíos el nombre de confusión, es decir, Babilonia. Se mantuvo, no obstante, la casa de Héber, en la que permaneció la que antaño había sido única lengua de todos. Por ello, como recordé antes, al contarse los hijos de Sem, cada uno de los cuales dio origen a un pueblo, fue nombrado en primer lugar Héber, aunque era tataranieto del mismo, es decir, el que nació en la quinta generación después.
Y como quedó en su familia, divididos los otros pueblos según sus lenguas, la lengua que justamente se cree fue primero común al género humano, recibió por ese motivo el nombre de hebrea. Era necesario distinguirla entonces con su nombre propio de las demás, también con sus propios nombres. Sin embargo, cuando era única, se llamaba lengua humana o lenguaje humano, y en ella hablaban todos los hombres.