La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. Entre estos acontecimientos, cuya enumeración serÃa demasiado larga, se encuentra la tentación que sufrió Abrahán sobre la inmolación de su queridÃsimo hijo Isaac, para ser probada su religiosa obediencia, destinada a llegar al conocimiento de los siglos, no al de Dios. Porque no debe ser reprobada toda tentación; antes hay que felicitarse por la que sirve de prueba. Aparte de que las más de las veces no puede el espÃritu humano conocerse a sà mismo de otra manera más que empeñando sus fuerzas, no de palabra, sino de obra en la tentación, que en cierto modo es un interrogante. En cuya prueba, si reconoce el don de Dios, se muestra religioso y se afianza con la firmeza de la gracia, nunca se engrÃe con la vanidad de la jactancia.