La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Es hora ya de ver cómo avanzan los tiempos de la ciudad de Dios a través de los descendientes de Abrahán. Desde el primer año de la vida de Isaac hasta el sexagésimo, en que le nacieron los hijos, tiene lugar algo extraño: rogando él a Dios que tuviera hijos su esposa, que era estéril, y habiéndole concedido el Señor lo que pedía, concibió ella y se agitaban en su vientre los mellizos. Atormentada por esta molestia, preguntó al Señor, y éste le respondió: Dos naciones hay en tu vientre; dos pueblos se separan en tus entrañas. Un pueblo vencerá al otro; el mayor servirá al menor98. En esto quiere ver el apóstol Pablo un notable testimonio de la gracia: sin haber nacido todavía, sin haber hecho algo bueno o malo, sin ningún mérito bueno es elegido el menor, siendo reprobado el mayor99. Sin duda alguna que, en cuanto al pecado original, los dos eran iguales, y en cuanto a los pecados personales, ninguno de ellos los tenía. Pero el plan de esta obra no me permite extenderme más en este tema. Ya he hablado bastante en otros escritos.