La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios CAPÍTULO XXXVII
Figuras místicas de Esaú y Jacob
Los dos hijos de Isaac, Esaú y Jacob, van creciendo paralelamente. La primacía del mayor pasa al menor por el convenio pactado entre ellos a consecuencia del plato de lentejas que fue preparado por el menor y solicitado inmoderadamente por el mayor. A cambio le vendió a su hermano, con la garantía del juramento, el derecho de primogenitura. Este episodio nos enseña que no es censurable en la comida la calidad del alimento, sino el ansia destemplada.
Envejece Isaac, y sus ojos, por la vejez, pierden la vista. Quiere bendecir a su hijo mayor, y sin darse cuenta, en lugar del mayor, que era velloso, con la imposición de las manos paternas bendice al menor, que se había acomodado unas pieles de cabrito, como portador de los pecados ajenos. Para alejar de Jacob la intención de un dolo fraudulento y tratar de buscar más bien un misterio en su conducta, había dicho ya antes la Escritura: Era Esaú un joven diestro en la caza y montaraz; Jacob, en cambio, era un joven sencillo y que habitaba en casa102.