La Ciudad de Dios

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¿En qué consiste esa misma bendición? Dice: Aroma de un campo que bendice el Señor es el aroma de mi hijo: que Dios te conceda el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo y de vino. Que te sirvan los pueblos y se postren ante ti las naciones. Sé señor de los hijos de tu padre, que ellos se postren ante ti. Maldito quien te maldiga, bendito quien te bendiga. Por lo tanto, la bendición de Jacob es la predicación de Cristo en todos los pueblos. Esto se está realizando, esto se lleva a cabo: Isaac es la Ley y los Profetas. Incluso por boca de los judíos esa ley bendice a Cristo como sin conocerlo, pues ella misma es desconocida. El mundo, como un campo, se llena del aroma del nombre de Cristo: suya es la bendición que procede del rocío del cielo, esto es, de la lluvia de la palabra divina, y la que procede de la fertilidad de la tierra, es decir, de la reunión de los pueblos; suya es la abundancia de trigo y de vino, o sea, la multitud que reúne el trigo y el vino en el sacramento de su cuerpo y de su sangre. A él le sirven los pueblos, a él lo adoran los príncipes. Él es señor de su hermano porque su pueblo señorea sobre los judíos. A Cristo adoran los hijos de su padre, esto es, los hijos de Abrahán según la fe, ya que es hijo de Abrahán según la carne. Quien lo maldiga a él será maldito, y quien lo bendiga será bendito. Este nuestro Cristo -digo- es bendecido también, es decir, predicado en realidad por boca de los judíos, que, aunque equivocados, lo proclaman en la Ley y los Profetas: piensan que proclaman a otro, objeto de su errada esperanza.


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