La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero he aquí que, al reclamar el mayor la bendición prometida, se estremece Isaac y queda sorprendido al conocer que ha bendecido a uno por otro, preguntando quién es el otro. Y, sin embargo, no se queja de haber sido engañado; antes bien, conocido súbitamente por revelación en su interior el gran misterio, evita la indignación y confirma la bendición. Dice así: Entonces, ¿quién es el que ha venido y me ha traído la caza? Yo la he comido antes de que tú llegaras, lo he bendecido y quedará bendito103. ¿Quién no esperaría aquí la maldición del hombre airado si esto no hubiera tenido lugar por inspiración divina y no a estilo humano? ¡Oh maravillas cumplidas, pero cumplidas proféticamente; realizadas en la tierra, pero por inspiración divina; llevadas a cabo por los hombres, pero de un modo divino! Si se fueran a escudriñar cada una de estas maravillas repletas de misterios ocuparían muchos volúmenes. Pero la necesidad de poner los límites que reclama esta obra nos fuerza a pasar con prisa a examinar otros puntos.
CAPÍTULO XXXVIII
El envío de Jacob a Mesopotamia para buscar esposa. Visión que tuvo en el camino. Sus cuatro esposas, aunque él no había solicitado sino una