La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Cuando se proclama, pues, la felicidad de José porque pudo ver a sus biznietos, no se puede pensar en modo alguno que existieron ya en el año treinta y nueve de su bisabuelo José cuando vino a él en Egipto su padre Jacob. Lo que induce a error al considerar esto con poca diligencia es lo que está escrito: Nombre de los hijos de Israel que entraron en Egipto con su padre Jacob113. Se dijo esto en el sentido de que, contándolo él, suman setenta y cinco, no porque existían ya todos cuando él entró en Egipto, sino, como he dicho, porque se nos da todo el tiempo de su entrada, que es el de la vida de José, a quien se debe tal entrada, según parece.
CAPÍTULO XLI
La bendición que Jacob prometió a su hijo Judá