La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 3. Y llegamos asà a los tiempos de los reyes, el primero de los cuales fue Saúl. Reprobado éste y muerto en desastrosa batalla, y rechazada su descendencia para que de ella no hubiera más reyes, lo sucedió en el reino David. De él fue, sobre todo, de quien Cristo se llamó hijo.
En David tuvo lugar una transición y, como si dijéramos, el comienzo de la juventud del pueblo de Dios, cuya adolescencia, en cierto modo, se extendÃa desde el mismo Abrahán hasta este David. No en vano el evangelista Mateo mencionó las generaciones poniendo de relieve este intervalo en catorce generaciones, desde Abrahán hasta David126. En efecto, desde la adolescencia comienza la capacidad generativa del hombre; por eso comienzan las generaciones desde Abrahán, que precisamente fue constituido padre de los pueblos cuando se le cambió el nombre.
Antes de él podrÃamos decir tuvo lugar la niñez de este pueblo de Dios, desde Noé hasta el mismo Abrahán. Y por eso se halla en posesión de la primera lengua, la hebrea; pues a partir de la niñez comienza a hablar el hombre, pasada la infancia, asà llamada porque en ella no es capaz de la palabra. Esta primera edad queda sepultada en el olvido, como la primera época del linaje humano fue barrida por el diluvio. ¿Quién hay, en efecto, que se acuerde de su infancia?