La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Me parece que ya se espera de mí explique en este lugar qué es lo que profetizó David en los salmos sobre Cristo nuestro Señor y su Iglesia. Para llevar a cabo esta empresa, como parece exigirlo esa espera (aunque ya lo he hecho con un salmo), me es más bien un obstáculo la abundancia que la escasez. En efecto, no puedo citarlo todo en gracia de la brevedad; temo, por otra parte, que al elegir algunos textos pase por alto otros que a muchos, conocedores de los mismos, parezcan más necesarios. Además, como el testimonio que se aduce del contexto de todo el salmo debe tener la garantía de que nada existe que se le oponga, si no apoya todo el contenido, temo también pueda parecer que, a usanza de los centones, andamos desgajando versículos para nuestro intento, como de un gran poema que no trata de ese asunto, sino de otro muy diverso. Pero para demostrar esto en cada uno de los salmos se hace preciso exponerlo todo entero; y cuál sea la envergadura de obra semejante lo declaran suficientemente mis tratados y los que han llevado a cabo otros. Léalos, pues, quien lo desee y tenga tiempo; allí encontrará las muchas y grandes profecías que David, rey y profeta, hizo sobre Cristo y su Iglesia, es decir, sobre el Rey y la ciudad que fundó.
CAPÍTULO XVI
Cosas que en realidad o en figura se dicen en el salmo 44 referentes a Cristo y a la Iglesia