La Ciudad de Dios

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Algo después dice: El Señor lo ha jurado y no se arrepiente. Con estas palabras significa que será eterno lo que añade: Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec93. Porque no existirá ya el sacerdocio y el sacrificio según el rito de Aarón, y se ofrecerá por doquier por el sacerdote Cristo el que ofreció Melquisedec cuando bendijo a Abrahán94. ¿Quién se atreverá a dudar de quién dijo esto? Y a estas cosas claras hay que referir otras, expresadas algo más oscuramente en el mismo salmo, si se han de entender rectamente. Lo cual ya hemos hecho nosotros en nuestros sermones al pueblo.

Así, en aquel salmo donde Cristo expresa por la profecía la humillación de su Pasión diciendo: Me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. Ellos me miran triunfantes. Con estas palabras se significó el cuerpo extendido en la cruz, con pies y manos sujetas y traspasadas con los clavos, y ofreciéndose de este modo en espectáculo a los que lo contemplaban y observaban. Y añade también: Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica95. La historia evangélica nos cuenta cómo se cumplió esta profecía96.




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