La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Por ello, no sin especial providencia de Dios, en cuyo poder reside la victoria o la derrota en la guerra, unos han llegado a la posesión de los reinos y otros les han quedado sometidos. Entre tantísimos imperios terrenos, en que se encuentra dividida la sociedad del interés de este mundo y de la pasión (la denominamos con vocablo universal la ciudad de este mundo), vemos destacarse muy por encima de los demás a dos pueblos, el asirio, primero, y luego el romano, tan diversamente organizados entre sí en la geografía y en el tiempo. En efecto, aquél floreció antes que el otro; también aquél estuvo situado en Oriente y éste en Occidente; además, al final del primero siguió inmediatamente el segundo. De los otros imperios y de los otros reyes, yo diría que son como un apéndice de éstos.