La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero ¿qué importa todo esto? Sea esto enseñanza en los libros veraces para los hombres religiosos, y deleite aquello en los juegos falaces para impuros demonios, a los cuales, sin embargo, honran como dioses los hombres religiosos. Y aunque quieran declararlos inocentes de todo esto, no pueden presentarlos libres de todo crimen, ya que acceden a su petición ofreciéndoles juegos, en que se celebran con torpeza las ceremonias que se niegan razonablemente, y se aplacan los dioses con estas falsedades y torpezas, donde si es verdad que canta la fábula el falso crimen de los dioses, se comete un verdadero crimen al deleitarse con el crimen falso.
CAPÍTULO XIII
Qué ficciones fabulosas nacieron cuando comenzaron los jueces a regir a los hebreos