La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios No es de admirar, en cambio, que por instigación de los demonios lleven agua en sus picos al templo de Diomedes y lo rocíen, el que acaricien a los griegos y persigan a los extraños; les interesa a ellos persuadir de que Diomedes fue convertido en dios para engañar a los hombres y llevarlos a honrar a muchos dioses falsos con injuria del Dios verdadero, y a servir a hombres muertos, que ni siquiera mientras vivieron tenían una vida verdadera, con templos, altares y sacerdotes (todo lo cual, estando bien ordenado, sólo se debe al único y verdadero Dios).
CAPÍTULO XIX
La llegada de Eneas a Italia coincide con la magistratura del juez Labdón entre los hebreos
Por esta época, después de la conquista y destrucción de Troya, vino Eneas a Italia con veinticinco naves, portadoras de las reliquias de los troyanos. Reinaba allí Latino, entre los atenienses Menesteo, Polifides en Sicione, Tautanes en Asiria, y era juez entre los hebreos Labdón. Tras la muerte de Latino reinó Eneas durante tres años, mientras seguían los mismos reyes en los citados pueblos, si se exceptúa a los sicionios, cuyo rey era ya Pelasgo, y a los hebreos, cuyo juez era Sansón. Éste, por su asombrosa fuerza, fue tenido por Hércules. En cambio, a Eneas, por desaparecer al morir, le contaron los latinos entre los dioses.