La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios También los sabinos elevaron a la categoría de dios a su primer rey Sanco, o Sancto, según lo llaman algunos. Por estas calendas, Codro, rey de los atenienses, se presentó disfrazado para ser muerto por los peloponesios, enemigos de su pueblo; murió, en efecto, y de este modo publican que liberó a su patria. Los peloponesios habían recibido la respuesta de que vencerían si no mataban al rey de aquéllos. Él los engañó disfrazándose con el vestido de un pobre y provocándolos con un altercado para que lo mataran. De ahí la expresión de Virgilio: «Los altercados de Codro». También a éste le rindieron honores divinos los atenienses haciéndole sacrificios.
Durante el reinado entre los latinos de Silvio, hijo de Eneas, no el de Creusa, Ascanio, que reinó en tercer lugar, sino el de Lavinia, hija de Latino, que se dice fue póstumo de Eneas, en el vigesimonoveno rey de los asirios, Onco; en el decimosexto de los atenienses, Melanto, y siendo juez de los hebreos el sacerdote Helí, tuvo su término el reino de los sicionios, que dicen se prolongó por espacio de novecientos cincuenta y nueve años.
CAPÍTULO XX
La sucesión de los reyes entre los israelitas después de los jueces