La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Esta época se extiende desde Proca, rey de los latinos, o quizá desde Aventino, que le precedió, hasta Rómulo, rey ya de los romanos, o incluso hasta los comienzos del reinado de su sucesor, Numa Pompilio. En efecto, Ezequías, rey de Judá, reinó hasta entonces; por ello aparecieron a la vez como fuentes de profecía la caída del Imperio asirio y el comienzo del romano: es decir, así como en el primer tiempo del reino de los asirios existió Abrahán, a quien se le hacían con toda claridad las promesas de la bendición de todos los pueblos en su descendencia, de la misma manera se cumplieron en el comienzo de la Babilonia occidental, en cuyo Imperio había de venir Cristo, y en cuya persona se cumplieron las promesas de los oráculos de los profetas, que no sólo hablaban, sino que escribían también para testimonio de tal acontecimiento futuro. No faltaron casi nunca profetas al pueblo de Israel desde que comenzaron allí los reyes, y sólo atendían a su interés, no al de los otros pueblos. Pero cuando se hizo más pública la escritura profética, que pudiera aprovechar finalmente a los pueblos, era preciso comenzar en la época de fundarse este Estado que había de gobernar al mundo.
CAPÍTULO XXVIII
Profecías de Oseas y Amós que se refieren al Evangelio de Cristo