La Ciudad de Dios

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El profeta Oseas es tanto más difícil de comprender cuanto con más profundidad se expresa. Pero se hace preciso tomar algo de él y exponerlo aquí según lo hemos prometido. Dice: Y sucederá que en el lugar en que se les dijo: Vosotros no sois mi pueblo, serán llamados hijos del Dios vivo¹². Los mismos apóstoles interpretaron este testimonio profético como la vocación del pueblo gentil, que antes no pertenecía a Dios¹³. Y, como incluso el pueblo gentil está espiritualmente entre los hijos de Abrahán, y por ello es llamado justamente Israel, continúa el profeta diciendo: Se reunirán israelitas con judíos, y se nombrará un único caudillo, y resurgirán de la tierra14. Pretender explicar este pasaje sería desvirtuar el sabor de la palabra profética. Recuérdese, sin embargo, aquella piedra angular y aquellos dos muros formados uno por los judíos y otro por los gentiles15, y reconozcamos cómo suben ambos de la tierra apoyándose aquél en el nombre de los hijos de Judá y éste en el de los hijos de Israel, tendiendo a una misma meta bajo un único príncipe. Y aun de estos mismos israelitas carnales, que no creen ahora en Cristo, pero que creerán después, esto es, de sus hijos (pues éstos pasarán a ocupar el lugar de ellos tras su muerte), da testimonio el mismo profeta diciendo: Porque muchos años vivirán los israelitas sin rey y sin príncipe, sin sacrificios y sin altar, sin sacerdocio ni revelaciones. ¿Quién no ve que esto es un retrato de los judíos al presente? Pero escuchemos lo que dice a continuación: Después volverán a buscar los israelitas al Señor, su Dios, y a David, su rey; temblando acudirán al Señor y su riqueza, al final de los tiempos16. Nada hay más claro que esta profecía si entendemos en el nombre del rey David significado a Cristo, que -según dice el Apóstol- por línea carnal nació de la estirpe de David17.


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