La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Saliste para salvar a tu pueblo, para salvar a tus ungidos enviaste la muerte sobre la cabeza de los pecadores. No necesita esto explicación alguna. Los cargaste de cadenas hasta el cuello. Se pueden entender aquí los óptimos vínculos de la sabiduría, de suerte que queden aprisionados los pies en sus grillos y los cuellos en sus argollas. Las rompiste hasta poner espanto en la mente; se refiere a las cadenas, pues los sometió a las buenas y les rompió las malas, de las cuales se dice:Has roto mis cadenas36; y esto, con espanto en la mente, esto es, de un modo admirable. Las cabezas de los poderosos se moverán en ella, es decir, en esa admiración.