La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Y abrirán sus bocas como el pobre que come a escondidas. Algunos poderosos de los judÃos acudÃan al Señor admirando sus hechos y sus palabras, y comÃan hambrientos el pan de su doctrina, pero a escondidas por miedo a los judÃos, como lo muestra el Evangelio37. Metiste en el mar tus caballos y se agitaron muchas aguas; no son otra cosa que la multitud de pueblos. Pues ni unos se convertirán por el temor ni otros proseguirán arrebatados por el terror, si no se sintieran todos perturbados. Reparé en esto, y se pasmó mi corazón al considerar mis propias palabras. Y un temblor penetró hasta mis huesos, y todo mi interior se turbó. Para la atención en lo que iba diciendo, y se siente atemorizado por su misma plegaria, que emitÃa proféticamente viendo en ella lo que habÃa de suceder; pues con perturbación de la multitud de pueblos vio las tribulaciones que se cernÃan sobre la Iglesia, y se sintió en seguida miembro de ella, y exclamó: Reposaré en el dÃa de la tribulación38; al fin, como perteneciendo a los que se gozan en la esperanza y sufren en la tribulación. A fin de irme a encontrar con el pueblo de mi peregrinación; apartándome del pueblo maligno de parentesco carnal, que ni es peregrino en esta tierra ni busca la patria celestial.