La Ciudad de Dios

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Porque la higuera no dará frutos y las viñas no brotarán. Faltará el fruto a la oliva y los campos no darán qué comer. No habrá ovejas en las majadas ni bueyes en los establos. Veía que esta nación, que había de dar muerte a Cristo, iba a perder la abundancia de sus riquezas espirituales, que simbolizó a usanza profética en la fecundidad terrena. Y como aquella nación tuvo que soportar tal cólera de Dios por desconocer la justicia del mismo Dios y tratar de establecer la suya propia39, dice el profeta a continuación: Yo me holgaré ante el Señor y me regocijaré en Dios, mi Salvador. El Señor, mi Dios y mi poder, asentará perfectamente mis pies y me pondrá en lo alto para que salga victorioso por su cántico40; es decir, el cántico aquel del que tales cosas se dicen en el salmo: Afianzó mis pies sobre roca y aseguró mis pasos; me puso en la boca un canto nuevo de alabanza a nuestro Dios41. Así, pues, triunfa en el cántico del Señor quien se complace en la alabanza del mismo, no en la suya propia, de suerte que el que se gloría, se gloríe en el Señor42. Aunque a mí me parece mejor lo que ponen algunos códices: Me regocijaré en Dios, mi Jesús, que es a lo que al traducir otros esto al latín no pusieron el mismo nombre, más amable para nosotros y más dulce.

CAPÍTULO XXXIII

Lo que dijeron con espíritu profético Jeremías y Sofonías sobre Cristo y la vocación de los gentiles


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