La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Claro que se puede preguntar: ¿cómo se puede saber lo que dijo Jonás a los ninivitas, si Tres dÃas y NÃnive será destruida, o dentro de cuarenta dÃas?73 ¿Quién no ve, en efecto, que no pudo decir ambas cosas el profeta que habÃa sido enviado para atemorizar a la ciudad con la amenaza de la destrucción inminente? Si la ruina le habÃa de venir a la ciudad en el tercer dÃa, no le vendrÃa en el cuadragésimo, y si en el cuadragésimo, no en el tercero.
Si, pues, se me pregunta a mà qué es lo que dijo Jonás, tengo como más acertado lo que se lee en el hebreo: Cuarenta dÃas y NÃnive será destruida. Bien pudieron los Setenta en su versión muy posterior decir otra cosa, que, sin embargo, viniera al caso y concordase en el mismo sentido, aunque bajo distinta manera de significarlo, lo cual serÃa un aviso para el lector, a fin de que, sin desdeñar ninguna de las dos autoridades, se elevase de la narración de la historia a la búsqueda de la realidad pretendida al escribir la historia. Cierto que esos acontecimientos tuvieron lugar en la ciudad de NÃnive, pero a la vez significaron algo que superaba la dimensión de la ciudad; como tuvo lugar la estancia del mismo profeta por tres dÃas en el vientre del cetáceo, y, sin embargo, fue una figura de la presencia del Señor de los profetas durante tres dÃas en lo profundo del Infierno.