La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 2. Pero como esto es una sentencia evangélica, nada tiene de particular que quienes rinden culto a muchos y falsos dioses no se sientan impedidos por ella para, ateniéndose a la respuesta de los demonios, que honran como dioses, asegurar el tiempo que había de permanecer la religión cristiana. Pues viendo que no habían podido destruirla persecuciones tan grandes, antes había cobrado con ellas admirable incremento, se imaginaron no sé qué versos griegos, como inspirados por un oráculo divino a alguien que le consultaba, en que ciertamente consideraban a Cristo inocente de esta especie de crimen sacrílego, añadiendo, en cambio, que Pedro consiguió con maleficios que fuera honrado el nombre de Cristo durante trescientos sesenta y cinco años, y completado este número, tendría su fin sin dilación.