La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Pero si fue el maleficio de Pedro el que consiguió que en Jerusalén se enardeciera de tal manera para dar culto al nombre de Cristo, tan gran multitud de hombres que le había clavado preso en la cruz o se había mofado de Él viéndolo allí enclavado, habrá que investigar desde esa fecha cuándo se han cumplido los trescientos sesenta y cinco años. Murió Cristo bajo el consulado de los dos Géminos, el veinticinco de marzo. Resucitó al tercer día, como lo experimentaron los apóstoles con sus propios sentidos. Luego, a los cuarenta días subió al cielo, y después de diez, es decir, al quincuagésimo de su resurrección, envió al Espíritu Santo. Entonces, ante la predicación de los apóstoles creyeron en Él tres mil hombres. De suerte que entonces comenzó el culto de aquel hombre, como nosotros confesamos y es la verdad, bajo el impulso eficaz del Espíritu Santo, o como lo fingió o pensó la necia impiedad, atribuyéndolo a los maleficios mágicos de Pedro.