La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Incluso en la diferencia propuesta por las maneras y costumbres de los cínicos no se busca cuál es el bien perfecto. Se trata de si el filósofo que investiga dónde se encuentra, a su juicio, el verdadero bien, para conseguirlo, debe, en su porte y en sus costumbres, imitar o no a los cínicos. Lo cierto es que se han dado casos de buscar un bien último diverso: unos la virtud, otros el placer. Pero como mantenían unas mismas apariencias y costumbres, se los llamaba cínicos a todos. Así, el distintivo de los cínicos, con respecto a los restantes filósofos, en rigor para nada servía a la hora de elegir y mantener el bien que nos da la felicidad. Si todo eso tuviera algún valor, un mismo estilo de vida obligaría a tender hacia una misma perfección, así como diversos estilos de vivir no permitirían la tendencia hacia un mismo bien supremo.
CAPÍTULO II
Método seguido por Varrón para eliminar simples diferencias doctrinales que no constituyen sectas, y llegar a una triple definición del bien supremo para quedarse con una de las tres