La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios A la hora de discutir sobre la elección de uno de estos tres géneros de vida: uno de ocio, no transcurrido en la indolencia, sino en la contemplación o investigación de la verdad; el otro, agitado por los quehaceres humanos, y un tercero, integrado por la combinación de ambos, el bien supremo queda fuera de discusión. En tal caso se trata únicamente de la dificultad o facilidad que estos tres géneros de vida encierran en orden al logro y conservación del bien. De hecho, en cuanto uno consigue llegar al sumo bien, éste al punto le hace feliz. En cambio, tanto en el ocio de las letras como en el ajetreo de la vida pública, o en la mezcla de ambos, no se encuentra inmediatamente la felicidad. Muchos pueden vivir en cualquiera de estos géneros de vida y equivocarse con relación a la tendencia hacia el bien definitivo, fuente de nuestra felicidad.
Una cosa es la cuestión sobre los bienes y males definitivos, que caracteriza cada secta filosófica, y otra muy distinta la vida en sociedad, la duda de los académicos, el atuendo y la mesa de los cínicos, el triple género de vida: contemplativo, activo o mixto. En ninguna de estas últimas está implicada la búsqueda de los bienes y males supremos.