La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios Nada podemos aducir en relación con estas doce para no considerarlos como sistemas filosóficos. Realmente en ellos no se investiga otra cosa que el bien y mal supremos. El descubrimiento de los bienes supremos implica por exclusión el de los males. Estas doce sectas se originan de triplicar estos cuatro conceptos, el placer, la tranquilidad, la suma de ambos y los principios naturales, llamados por Varrón primordiales. En efecto, cada uno de los cuatro se puede unas veces subordinar a la virtud, de forma que no se apetezcan por sí mismos, sino como al servicio de la virtud; y otras veces son antepuestos a ella, juzgando necesaria la virtud únicamente para conseguir o asegurar los otros cuatro bienes; y, en fin, otras veces son puestos todos en paridad, tendiendo hacia todos ellos por sí mismos. Todas estas posibilidades triplican los cuatro conceptos anteriores, originando doce sectas.