La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios La justicia, por otra parte, es la virtud que da a cada uno lo suyo. Ahora bien, ¿qué justicia humana es aquella que arranca al hombre del Dios verdadero para hacerlo esclavo de los impuros demonios? ¿Es esto darle a cada uno lo suyo? ¿O es que robarle la hacienda a quien la había comprado, dándosela a otro que no tenía ningún derecho sobre ella, lo llamaremos injusto, y si uno se sustrae a sí mismo de la autoridad de Dios, que lo ha creado, y se hace esclavo de los espíritus malignos, a esto lo llamaremos justo?
2. Mucho se discute, es cierto, con gran agudeza y acaloramiento, en contra de la injusticia y a favor de la justicia, en la misma obra La República. En un principio se toma partido por la injusticia en contra de la justicia, argumentando que si no es a base de injusticias, no es posible mantener ni llevar adelante el Estado. El principio que quedaba sólidamente establecido era la injusticia de que unos hombres estuvieran al servicio de otros que ejercían dominio sobre ellos. Ahora bien, si una ciudad dominadora, capital de un vasto Estado, no adopta esta injusticia, no puede ejercer sus dominios sobre las provincias.