La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios 1. En la obra que Porfirio tituló ἐκ λογίων φιλοσοφίας (Filosofía de los oráculos), en la que él recoge y transcribe las así llamadas «respuestas divinas» a cuestiones filosóficas, tiene unas palabras que voy a citar textualmente, traduciendo del griego al latín: «Había una vez un hombre -nos dice- que preguntaba a qué dios había que volver propicio para poder retirar del cristianismo a su esposa. Y Apolo le contestó en verso». A continuación vienen las supuestas palabras de Apolo: «Más fácil te va a resultar, yo creo, dejar letras moldeadas en el agua, o desplegar como pájaro tus leves alas y volar por los aires, que hacer entrar en razón a una esposa culpada de impiedad. Déjala que se obstine a su gusto en esas engañosas tonterías, cantando mentirosas lamentaciones a un Dios muerto, condenado por unos jueces llenos de rectitud, y a quien la más ignominiosa de las muertes, entre férreos clavos, segó su vida en la flor de la edad». Después de estos versos de Apolo, traducidos al latín sin conservar la medida rítmica, añadió: «En estos versos ha dejado bien claro que se trata de una creencia incurable, diciendo que los judíos aceptan a Dios mejor que estos otros». He aquí cómo al rebajar a Cristo, pone a los judíos por encima de los cristianos, declarando que aquéllos aceptan a Dios. Ésta es la interpretación que hace de los versos de Apolo, donde él manifiesta que Cristo fue sentenciado a muerte por jueces intachables, lo que equivale a que el juicio fue justo y el castigo merecido. ¡Quién sabe lo que dijo el mentiroso adivino de Apolo, o lo que este Porfirio entendió, o quizá lo que se inventó él mismo como dicho por el vate! Luego veremos hasta qué punto está él seguro y hasta qué punto concuerdan los oráculos entre sí. Bástenos ahora con lo que dice: que los judíos, como abiertos al culto de Dios, juzgaron legítimamente a Cristo al creerlo digno de la más ignominiosa de las muertes. Ésta era la ocasión, puesto que Él da testimonio de prestar oídos al Dios de los judíos, que dice: El que ofrezca sacrificios a los dioses fuera del Señor será exterminado³¹.