La Ciudad de Dios

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2. Pero también este filósofo habla bien de Cristo, como si hubiera olvidado las anteriores injurias por él proferidas, que acabamos de mencionar, o como si las maldiciones de sus dioses contra Cristo hubieran sido proferidas en sueños, y al despertar hubieran caído en la cuenta de que era bueno, comenzando a alabarlo como se merecía. Lo cierto es que, poniéndose en trance como para decir algo maravilloso e increíble, dice así: «Va a ser algo sorprendente para algunos, sin duda, lo que vamos a decir. Los dioses han proclamado que Cristo fue un varón lleno de piedad que ha sido elevado al rango de inmortal, y sus palabras acerca de Él son de un gran elogio. En cambio, de los cristianos -añade- hablan como de seres impuros, corrompidos, implicados en el error, utilizando otros muchos insultos de este jaez». Añade a continuación algunos, por así decir, oráculos vejatorios contra los cristianos, y luego: «Hay quienes se preguntan -dice él- si Cristo es Dios. Y responde Hécate: Ya conoces los andares del alma inmortal tras su vida en el cuerpo; pero, privada de la sabiduría, está siempre fuera de camino. Pero el alma de que hablamos es la de un hombre eminente por su peligrosidad. A esta alma dan culto ellos, lejos de la verdad». Añade Porfirio a este pretendido oráculo unas palabras de propia cosecha: «Ha dicho, por tanto, que se trata de un varón profundamente piadoso, y que su alma, como la del resto de los hombres piadosos, tras la muerte ha sido galardonada con la inmortalidad. A esta alma dan culto los cristianos por error. Y a quienes preguntaban: "Entonces, ¿por qué ha sido condenado?", la diosa -dice Porfirio- respondió con un oráculo: "El cuerpo está siempre expuesto a los agotadores tormentos; el alma, en cambio, ocupa el celeste trono de los piadosos. Pero esta alma, por una fatalidad, ha sido ocasión de caída en el error para otras almas, no elegidas por el destino a participar los divinos favores ni a llegar al conocimiento del inmortal Júpiter. Por eso resultan odiosos a los dioses, porque a los no llamados por el destino a conocer a Dios ni participar de los favores de los dioses, Cristo ha sido para ellos la fatal ocasión de caer en el error. Él, no obstante, varón piadoso, descansa en el cielo como los piadosos. Tú, por tanto, guárdate de blasfemar contra Él, y ten piedad de la locura de los hombres, que precisamente por ella están siempre al borde del precipicio"».


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