La Ciudad de Dios
La Ciudad de Dios En efecto, antes de la venida de nuestro Redentor, por los lugares más dispersos de la geografía, la especie humana ha sufrido estragos innumerables y calamidades, algunas de ellas increíbles. ¿Y qué otros dioses adoraba el mundo entonces, sino éstos mismos, exceptuando el pueblo hebreo y un reducido número, por doquier, fuera de él, que fueron dignos de la divina gracia, según una decisión secreta y justa de Dios? Pero, en fin, para no alargarme demasiado, pasaré por alto las enormes desgracias padecidas por todos los pueblos de la Tierra. Me ceñiré exclusivamente a lo relativo a Roma y sus dominios, es decir, a la ciudad como tal y a los países a ella ligados, sea por una confederación, sea en condición de sometidos, países todos que han sufrido calamidades antes de la venida de Cristo, formando con Roma, ya entonces, como el cuerpo del Estado.
CAPÍTULO II
Los dioses, adorados de un modo parecido por griegos y romanos, ¿tuvieron alguna razón para permitir la destrucción de Troya?